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“¿Hacia dónde nos llevan?” por Manuel Pérezcarro Martín

El Ministerio de Fomento ha publicado el pasado mes de octubre un estudio sobre el transporte internacional por carretera realizado por los vehículos pesados españoles referido al año 2016.

Entre los datos que más me han llamado la atención ha sido la evolución de las mercancías transportadas por carretera, cargadas en España y descargadas en otro país, según el transporte realizado por vehículos pesados de varios países europeos.

Del total de las toneladas transportadas, el 64,4 por ciento se realiza por vehículos españoles, el resto, vehículos de otros países de la Unión Europea. Es significativo que este porcentaje se haya visto disminuido, desde el año 2012 en tres puntos porcentuales, es decir ha aumentado la participación de otras empresas de transporte de la UE en el transporte de exportación de mercancías por carretera desde España hacia otros países de Unión.

Por otro lado, vemos que otros transportistas, todos del Este de Europa, han incrementado significativamente su participación, en detrimento de franceses, alemanes, italianos u holandeses que prácticamente han desaparecido.

Ahora son empresas rumanas, búlgaras, lituanas, polacas, las que adquieren mayor peso específico, junto a las portuguesas que representan el 14 por ciento.

Estos resultados vienen a darnos la razón en cuanto a las dificultades cada vez mayores que tienen las empresas españolas de transporte internacional para ser competitivas. Hemos denunciado en repetidas ocasiones la competencia desleal que sufren nuestras empresas con unos costes laborales muchísimo mayores que las empresas del Este, amén de otras cuestiones, no pequeñas, relativas a la fiscalidad, también menor, o el control por la inspección de transportes por estos países, prácticamente inexistente.

Esto se traduce, no solo en una presión a la baja de los precios del transporte, sino de las exigencias y comportamiento de las empresas cargadoras tanto hacia el transportista, como para sus conductores, que en muchas ocasiones se ven maltratados.

La situación se está volviendo insostenible. Las empresas de transporte españolas no ganan dinero, yo diría más, están perdiendo dinero y competitividad.

Algunas buscan solución en conductas claramente ilegales, como la deslocalización creando empresas buzón, otras aguantan como pueden y están sometidas a inspecciones rigurosas de transporte o trabajo, mientras ven como estas empresas de los países del este sean buzón o no, les van quitando los clientes exclusivamente por precio sin que puedan hacer nada para evitarlo.

La Administración es consciente de ello, pero no actúa con la celeridad y eficacia que se requiere y se pasan los años sin dar soluciones mientras se destruye nuestro tejido empresarial, hasta el punto de que las empresas españolas serias estén pasando de rechazar la ilegalidad a pedir que se legalice la deslocalización y, como dice el refrán, el que más pueda capador.

Eso sí, se verían resentidas las arcas del Estado, porque ya no habría ingresos  ni por cotización de trabajadores, ni por impuestos de todo tipo que ahora pagan religiosamente las empresas de transporte españolas, cosa que de una manera o de otra, pasará si no se adoptan decisiones drásticas. ¿Dónde están las medidas ejemplarizantes que prometió hace ya dos años la Dirección General de Transportes Terrestres en persecución de estas conductas ilegales? ¿Dónde está el control de las empresas extranjeras, fundamentalmente del Este de Europa?

O el Estado se toma esto en serio o en poco tiempo veremos engrosar las listas del paro de conductores profesionales y reducida a la insignificancia la participación de empresas españolas en el transporte internacional.

Manuel Pérezcarro Martín
Secretario General

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