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«Política verde» por Manuel Perezcarro Martín

Cada día amanecemos con alguna noticia que nos deja perplejos.

En el ámbito de la transición energética y la descarbonización, por ejemplo, existe un conglomerado de fundaciones y ONG financiadas, según declaran, de forma filantrópica, pero poco transparente, e independiente de cualquier tendencia política, cuyos recursos económicos son enormes e influyen de manera, cada vez más importante, en las decisiones políticas en materia de medio ambiente.

Un ejemplo de ello es la Fundación Europea del Clima y, en lo que concierne al transporte, la Federación Europea para el Transporte y el Medio Ambiente, conocida por como Transport & Environment (T&T), una agrupación europea de organizaciones no gubernamentales que trabajan en el campo del transporte y el medio ambiente, promoviendo el transporte sostenible en Europa.

Pues bien, T&E, tras la propuesta de la Comisión Europea de reducir las emisiones totales del bloque en un 90% en 2040, en comparación con 1990, ha diseñado una hoja de ruta para reducir las emisiones del parque automovilístico de la UE en un 86% en 2040 respecto a los datos de 2015 con distintas propuestas, entre las que me llaman la atención las siguientes:

1. “Evitar el crecimiento de la actividad automovilística, parando la construcción de nuevas carreteras, cambiando al transporte público e incrementando la tarificación de los carburantes”.

2. “Una electrificación más rápida de las flotas de vehículos de empresa”.

Sobre la primera, a alguien se le ha ido la cabeza. Pretender que se dejen de construir nuevas carreteras para reducir la actividad automovilística es poner freno al desarrollo y preparar un caos de aquí te espero en unos pocos años, porque no existe una alternativa al automóvil como hoy lo conocemos. Quizás, estos enajenados estén pensando en los vehículos voladores que vemos en las películas de ciencia ficción. Ya no les sirve ni el vehículo eléctrico.

El obligar a desplazarse en transporte público, que sería, en tanto no existe el automóvil volador, la opción que se propone, es ir en contra de la libertad individual de usar el modo que a cada uno le convenga en cada momento y circunstancia.

Para remate, proponen el incremento de la tarificación de los carburantes. Todavía no existe una alternativa real al vehículo de combustión – los eléctricos son caros, de insuficiente autonomía, con largos tiempos de recarga y sin infraestructuras suficientes para abastecerse de energía, entre otras cosas- y pretenden que el ciudadano de a pie vuelva a ser el pagano de estos disparates.

Otra vez, estos insensatos, que se declaran al margen de la política pero que están ideologizados e idiotizados, diría yo, vuelven a poner el carro delante de los bueyes. Sus ideas carecen de planificación previa; estudio de la realidad; viabilidad técnica y económica o efectos derivados para las personas y las empresas.

La segunda solución que proponen para una electrificación más rápida consiste en obligar a las empresas a que sus vehículos sean eléctricos. Según estas cabezas pensantes, como el vehículo eléctrico es caro y a él no pueden acceder la mayoría de los mortales, pretenden de esta manera crear un mercado de ocasión de vehículos eléctricos procedentes de empresas a precios más reducidos y que puedan adquirir las economías más modestas.

Cojonudo, lo que convenga a los intereses de la empresa para el mejor desarrollo de su actividad a esta gente le trae al pairo, al igual que no han pensado en el sobrecoste que tenga que soportar.

Están poniendo el rumbo hacia una movilidad insostenible, pero guay. Y nosotros, a tragar.

Manuel Perezcarro Martín | Secretario General FROET
Artículo publicado en el número 297 de la Revista FROET En Ruta

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