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“Contradicciones” Manuel Pérezcarro Martín

Mientras figuran como demandantes de empleo más de 22.000 conductores profesionales, según datos del Servicio Público de Empleo Estatal, las empresas de transporte se quejan de falta de conductores, estimándose por alguna organización, en unos 12.000.

Es decir, cubriendo las necesidades de las empresas, todavía habría una demanda de empleo de 10.000 conductores.

Esto no es fácil de entender, por lo que merece la pena hacer una reflexión sobre ello. Se achaca esta falta de conductores a las condiciones del ejercicio de la actividad, por una parte, y a la insuficiente retribución que perciben, por otra.

En cuanto a las condiciones, es diferente ser conductor de servicios locales que nacionales o internacionales.

Para unos las condiciones de trabajo resultan más cómodas que para otros; no es lo mismo poder dormir diariamente en tu casa y estar con tu familia todos los fines de semana, que pasar más de 20 días al mes, fuera de casa, dormir en la cabina del camión y poder estar en el hogar disfrutando de la familia y amigos unos pocos días al mes y por breves espacios de tiempo.

La falta de conductores se encuentra en el segundo grupo, es decir, lo que realizan largas distancias.

Sin embargo, las duras condiciones que soportan los conductores, en cuanto a desarraigo del hogar, siempre han sido así aunque hemos de reconocer que las condiciones de trabajo han mejorado sensiblemente si echamos la vista atrás y las comparamos con las de hace veinte años y no digamos nada, hace cincuenta. En primer lugar, las jornadas de trabajo no eran las mismas no existían ni la legislación ni los controles actuales. Las carreteras, tampoco se parecen a las de hace treinta años, ni los vehículos que se utilizan tienen nada que ver en facilidad de conducción, seguridad y especial atención al conductor en el diseño de las cabinas.

La aparición de las nuevas tecnologías, como la telefonía móvil, Internet o los sistemas de localización han mejorado sensiblemente, no solo la calidad del trabajo sino la calidad de vida de los conductores que de pasar de llevar una emisora para tener con quien hablar durante las largas jornadas al volante, ahora pueden comunicarse con su familia y amigos por Skype, descargarse una película para verla antes de dormir en el ordenador o ver lo que sucede en el mundo y poder aprender de todo.

Dentro de no mucho tiempo, la conducción autónoma será una realidad y la intervención del conductor será mínima. Hoy ya incorporan los camiones sistemas avanzados de seguridad para evitar la salida de carril o la colisión por alcance y otros muchos sistemas que hacen de la conducción una actividad más segura y relajada.

A pesar de estas indudables mejoras, parece que la profesión no tiene demasiado atractivo, y los conductores demandan otras cuestiones, algunas de las cuales son totalmente razonables y otras, producto de la demagogia de quienes dicen defenderles.

Prohibir que el conductor de larga distancie cargue y descargue el vehículo, disponer de áreas de descanso seguras con buenos servicios para los conductores, mejorar el trato por parte de los clientes evitando largas paralizaciones para la toma y deje de las mercancías transportadas, etc. son reivindicaciones justas. Sin embargo los que dicen defender los intereses del conductor es decir, los sindicatos, no defienden algo tan lógico y humano como la posibilidad de que los conductores de larga distancia puedan retornar a su domicilio para realizar el descanso semanal en lugar de tener que hacerlo en cualquier lugar por haber agotado las horas semanales y sin embargo piden que el conductor no duerma en la cabina del vehículo, algo que desnaturalizaría la propia profesión y que no ocurre en ningún país avanzado del mundo.

Otra reivindicación es la mejora de la retribución. Esto es perfectamente entendible, pero un salario bruto, si nos referimos a Murcia, de 1.700 euros mensuales más 1.000 de dietas – sin incluir la cama y considerando veinte días fuera del domicilio- no es para tirar cohetes, pero tampoco, comparándolo con el de otros oficios y profesiones, es despreciable.

Desgraciadamente con la enorme competencia existente a la que ha de añadirse la que se sufre con las empresas del Este de Europa, las empresas buzón o las falsas cooperativas, con costes salariales mucho más bajos, es difícil poder ofrecer mejores sueldos, sin duda alguna merecidos.

La profesión de conductor tiene algo de vocacional, al igual que la de pescador o tripulante de la marina mercante. El que desee trabajar en este sector tiene que conocer y aceptar las características del trabajo, siempre susceptibles de mejora, pero con las limitaciones de su propia naturaleza.

Encontrar conductores será más fácil sin duda entre los jóvenes sin responsabilidades familiares. Para ellos, seguramente será muy atractiva; por ello, debemos insistir en la modificación de la normativa para la obtención del permiso de conducir permitiendo el acceso a esta profesión a partir de los dieciocho años, como se establece en la correspondiente Directiva Comunitaria. Quizás y sin dejar de atender las justas reivindicaciones de los conductores profesionales, esta puede ser la solución.

 

Manuel Pérezcarro Martín
Secretario General

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