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“Tramposos” por Manuel Pérezcarro Martín

Manuel Pérezcarro Martín

Se podría escribir un libro para contener todas las artimañas, trampas o martingalas – escoja la palabra que más le guste- que se han inventado en el sector del transporte a lo largo del tiempo para ser más “competitivo”, y luego me referiré a ello.

Es un tema del que me cuesta hablar, porque en nada beneficia a la imagen del transportista, pero que es real. Es cierto que la inmensa mayoría de las empresas cumplen estrictamente la legalidad, pero los pocos que no lo hacen tiran por tierra, en estas ocasiones, el trabajo honesto y sacrificado de la mayoría.

El trucaje del tacógrafo, por ejemplo, es una práctica, dentro de esa minoría de incumplidores, relativamente sencilla y bastante expuesta, por cierto, pues los controles de la inspección son muy rigurosos y las multas para echarse a temblar.

Pero van apareciendo prácticas más sofisticadas, como la creación de falsas cooperativas que prestan servicios para los operadores de transporte de las que dependen, beneficiándose éstos de unos costes más bajos, amén de otras evidentes ventajas laborales a las que podemos añadir los suculentos beneficios que obtienen del alquiler de las cabezas tractoras, comisiones por seguros, gasoil, peajes, etc.

Otra práctica relativamente sofisticada es la denominada deslocalización y creación de empresas buzón en países como Bulgaria o Rumanía, sin que realicen actividad alguna en dichos países, pero donde los costes salariales y de seguridad social, así como los controles de la inspección son mucho menores.

Estas prácticas se van corrigiendo por las denuncias que realiza el propio sector, aunque la lentitud de la Administración en tomar cartas en el asunto, hace que los daños en el mercado permanezcan durante mucho tiempo.

A medida que se van descubriendo estas trampas y la Administración va actuando en consecuencia sancionando a las empresas infractoras, se buscan otras más imaginativas.

Por ejemplo: una empresa española de transportes, constituye una nueva empresa en España. Esta empresa que nace sin apenas trabajadores y todos de confianza del empresario, formaliza, que no negocia, un convenio colectivo de empresa que contiene condiciones leoninas, algunas de ellas contrarias a la ley y con unos salarios de vergüenza.

Y me pregunto ¿cómo puede encontrar conductores esta empresa? ¿Dónde está el truco? Muy fácil, se importan conductores de Rumanía u otros países de la UE donde los salarios son mucho más bajos que los percibidos por los conductores españoles y se les contrata previa aceptación por el conductor de las condiciones que les ofrece la empresa.

Lo que no sé es cómo pueden vivir en España con estos salarios de miseria, pero me lo puedo imaginar.

Lo más irritante es que estos convenios, registrados y publicados en el Boletín Oficial correspondiente, hayan podido pasar el control de legalidad establecido en el artículo 90, 5 del Estatuto de los Trabajadores por parte de la Autoridad Laboral. Por cierto, a los sindicatos ni se les ve ni se les espera.

Y todo esto, decía al principio, lo hacen las empresas tramposas con la excusa de ser más competitivas en un mercado, como se ha dicho en muchas ocasiones, donde la competencia es feroz y hay que sobrevivir. Esta excusa no es admisible y, además de propiciar conductas ilegales e inmorales, no conduce a nada bueno, porque al final una empresa no puede sustentarse con trampas que solo benefician a terceros, porque trampas sabe hacerlas todo el mundo, solo hay que tener estómago.

Manuel Pérezcarro Martín
Secretario General FROET

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