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«Hola 2024» por Manuel Perezcarro Martín

Cerrado el año, toca hacer un balance del mismo.

Dice un transportista amigo que le gusta asistir a las reuniones del sector porque, en la soledad de su despacho, piensa en qué se estará equivocando para que el puñetero negocio no marche. La reflexión la realiza suponiendo que a los demás, les va mejor que a él. Luego cuando tiene ocasión y ve como se pronuncian sus compañeros de profesión, e identifica sus problemas con los suyos, al menos le queda la sensación de que no es que lo esté haciendo mal, es que el sector se encuentra con unas dificultades que son muy difíciles de superar, ya que muchas de ellas le vienen impuestas y no pueden atajarse con decisiones empresariales. Las subidas del combustible y de los vehículos, la escasez de conductores, la disminución de la demanda de transporte, o la imposibilidad de defender un precio por tu trabajo que compense alguno de estos factores.

A esto, se añaden las trabas y dificultades que se le van poniendo al desarrollo de esta actividad, cuyas obligaciones parecen no tener fin.

Cuando este amigo sale de la reunión, lo único positivo que ha sacado es que no es un incompetente, pero que este sector no tiene arreglo y eso le deja la moral, otra vez, por los suelos.

En fin. Que el sector es duro, lo sabemos, pero reconozcamos que la capacidad de aguante y adaptación a las circunstancias es también uno de sus valores.

Esta capacidad de adaptación se está viendo en los últimos años. Los primeros que han tomado decisiones han sido las empresas más grandes, que han estimado que para hacer frente a una demanda dominada por unas pocas comercializadoras y la gran industria y conseguir mayor capacidad de negociación con los proveedores, era necesario aumentar de tamaño y ofrecer una gama de servicios que aportaran valor añadido al transporte.

Estas acciones, están dejando descolocadas a muchas empresas, que no hace mucho, se consideraban grandes pero que, a raíz de los últimos procesos de absorción, fusión o adquisición de empresas de transporte, ya no parecen tan relevantes y han quedado desubicadas.

A estas empresas y, no digamos al resto, mucho más pequeñas, se les presenta un panorama más incierto, pues tendrán que competir en condiciones más difíciles y muchas de ellas están pensando que ojalá venga alguien y les compre el negocio.

Hablando de este tema en otra ocasión, manifesté que estas concentraciones de empresas podrían beneficiar al resto, ya que producirían un efecto tractor, por ejemplo, en los precios y condiciones del transporte. No es concebible que estas operaciones se hayan realizado para abaratar los precios a los clientes, sino para mejorar el margen de las empresas de transporte que, además, deberán responder frente a un accionariado que ha invertido en ellas y exigirá rentabilizar su inversión. Ya veremos en qué queda todo esto.

Y ¿cómo han ido las cosas este año que acaba de concluir? Pues aquí hay división de opiniones. Algunos dicen que ha sido mejor que el año pasado, gracias a un precio del gasóleo más bajo, además de las ayudas percibidas. Otros, sin embargo, opinan que ha sido un año malísimo, porque no ha habido suficiente trabajo, han sobrado camiones y, por lo tanto, los precios no han sido buenos.

En cuanto a las subvenciones percibidas por el transportista para limitar los efectos perversos del incremento del combustible consecuencia de la guerra de Ucrania, parece que no se prorrogarán en 2024 y esto no es una buena noticia.

Solo nos queda no perder la confianza en nosotros mismos e interiorizar que todo esto lo vamos a superar como en otras ocasiones. Feliz y próspero 2024.

Manuel Perezcarro Martín | Secretario General FROET
Artículo publicado en el número 294 de la Revista FROET En Ruta

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